Por: Carlos Bell
Chile es
el país más próspero de América Latina.
¿Por qué? Por las reformas de libre mercado instrumentadas
en los años 80, las cuales fueron tan exitosas que inclusive
el actual gobierno socialista no se ha atrevido a alterarlas demasiado.
Dos reformas importantes fueron la reducción unilateral de
los aranceles y la privatización del sistema de pensiones del
Seguro Social. A primera vista parecen políticas sin conexión
alguna, pero en realidad ambas se basaron en el convencimiento de
que cada uno de nosotros --no los burócratas-- sabe lo que
más nos conviene. En 1980, el gobierno chileno ofreció
a la ciudadanía optar por cuentas privadas de ahorro o quedarse
en el tradicional sistema gubernamental de pensiones. Excepto un pequeño
grupo de trabajadores próximos a jubilarse, la gran mayoría
optó por cuentas individuales, aportando 10% de sus salarios.
Estas cuentas recibieron un bono inicial relacionado a las retenciones
hechas hasta entonces. Los empleadores no hacen aportes bajo el sistema
privado, pero los trabajadores pueden incrementar su cuota hasta en
10% adicional y esos ahorros aumentan, libre de impuestos, hasta su
retiro.
Entonces, el Seguro Social dejó de admitir a nuevas generaciones
de trabajadores y el mito del aporte de los patronos se esfumó
con la evidente tendencia al aumento de los salarios en Chile. Antes,
los patronos reducían los salarios en la misma cantidad del
impuesto que pagaban sobre las nóminas de sueldos.
Hoy, 95% de los trabajadores chilenos son dueños de sus cuentas
particulares de retiro y empresas privadas --bajo estricta supervisión--
administran esas cuentas y ofrecen seguros de invalidez, a la vez
que planes médicos. El progresivo aumento de los salarios en
Chile permite que los trabajadores adquieran seguros médicos,
dependiendo cada día menos del gobierno para su retiro y su
salud.
Según José Piñera, quien siendo ministro de Trabajo
y Seguridad Social diseñó el programa de privatización,
``para los chilenos, sus cuentas de retiro representan derechos de
propiedad reales. Ciertamente, son esas cuentas, y no las riesgosas
promesas gubernamentales, la fuente primaria de seguridad para el
retiro. El principal activo del trabajador chileno típico no
es su auto usado o su vivienda, sino el capital en su cuenta de retiro''.
Mientras que la rentabilidad de las contribuciones de los trabajadores
en Estados Unidos al Seguro Social es casi cero, la rentabilidad promedio
de las cuentas privadas en Chile ha sido 10% por encima de la inflación
y la acumulación de esos recursos equivale al 70% del PIB nacional.
Así, los chilenos jubilados reciben entre 50% y 100% más
de lo que hubieran recibido bajo el plan gubernamental.
Si los trabajadores de los países que mantienen sistemas anticuados
y estatizados de pensiones, ineficientes y frecuentemente corrompidos,
se dieran cuenta de que la diferencia entre el sistema gubernamental
y el sistema privado es la diferencia entre pagar el impuesto retenido
versus comprar bonos y acciones con su dinero, pudiendo así
ver crecer sus ahorros, saldrían a la calle a protestar y a
exigir la privatización.
La caída de las tasas de natalidad y el aumento en longevidad
están acelerando la quiebra de los sistemas de pensiones gubernamentales
porque cada día menos trabajadores activos pagan por las pensiones
de los jubilados. Son inmensos elefantes blancos que avanzan irremediablemente
hacia el precipicio.