Guadalajara, México
Por: Andres Oppenheimer
Mientras cubría la cumbre de 33 jefes de Estado de América
Latina y la Unión Europea en Guadalajara la semana pasada,
se me ocurrió una teoría que espero pase a la historia:
la prosperidad de los países es inversamente proporcional
al tamaño de sus delegaciones en estas cumbres internacionales.
No estoy bromeando. Se
los voy a probar.
El presidente venezolano Hugo Chávez, un autoproclamado ''revolucionario''
que logró destruir la economía de su país y
crear 2.5 millones de nuevos pobres en los últimos cuatro
años, encabezó de lejos la delegación más
numerosa en la III Cumbre de América Latina y la Unión
Europea. Tenía 198 personas.
La delegación venezolana incluyó docenas de guardaespaldas,
reporteros y camarógrafos personales de Chávez, según
reportó el periódico local El Informador. Al igual
que el presidente vitalicio cubano Fidel Castro, que no vino a la
cumbre, pero normalmente viaja con un séquito de más
de 200 personas, Chávez inundó la reunión con
funcionarios venezolanos.
Comparativamente, el presidente francés Jacques Chirac vino
a Guadalajara con una delegación de 90 personas, el líder
alemán Gerhard Schroeder con alrededor de 70, y el presidente
del gobierno español José Luís Rodríguez
Zapatero con 48, según me dijeron funcionarios de sus respectivas
delegaciones.
Algunos de los líderes de los países de Europa del
Este que recientemente se unieron a la Unión Europea, y cuyas
económicas están creciendo a todo vapor, vinieron
con delegaciones que cabían en un automóvil.
El primer ministro de Estonia, Juhan Parts, cuyo país tiene
una de las economías más abiertas del mundo y está
creciendo a niveles de casi 7 por ciento anual gracias a una avalancha
de inversiones extranjeras, llegó a la cumbre con una delegación
de 5 personas.
Entre los latinoamericanos, el presidente chileno Ricardo Lagos
--líder del único país latinoamericano que
ha crecido sistemáticamente en los últimos quince
años y ha logrado reducir la pobreza a la mitad-- vino con
una delegación de seis personas, incluyendo un edecán
que funje como guardaespaldas.
¿Cómo se explica que Chávez y Castro, que han
multiplicado la pobreza en sus países en nombre de la igualdad
y la soberanía, necesitan delegaciones de 200 personas en
estas cumbres, mientras que líderes de países prósperos
como Chile y Estonia vienen con cinco o seis personas?
Muy simple: Chávez y Castro viven de los titulares periodísticos,
y necesitan constántemente crear conflictos para desviar
la atención internacional de la pobreza y la represión
interna en sus países.
En la cumbre de la semana pasada, horas antes del inicio de una
crucial votación que podría allanar el camino a referándum
sobre el mandato de Chávez, el presidente izquierdista venezolano
denunció un supuesto complot de Estados Unidos, paramilitares
colombianos y opositores venezolanos para ``desestabilizar el gobierno
de Venezuela y crear el caos a fin de producir una invasión
extranjera''.
Chávez, un ex oficial golpista, pidió la ''solidaridad
internacional'' de los presentes para evitar el supuesto golpe.
Según la oposición venezolana, sus advertencias fueron
una cortina de humo para desviar la atención de un posible
fraude del gobierno en caso de perder el voto del fin de semana.
Chávez usó sus 20 minutos de tiempo en la cumbre para
arremeter durante más de 35 minutos contra ''ustedes, los
ricos'' -- señalando al canciller alemán Schroeder--
por supuestamente ser responsables de la pobreza en América
Latina.
Mientras tanto, el canciller cubano Felipe Pérez Roque, que
representó a Castro en la cumbre, dedicó sus intervenciones
a exigir un lenguaje cada vez más fuerte de condena a las
sanciones comerciales de Estados Unidos contra la isla en la declaración
final.
Según me relataron tres cancilleres latinoamericanos presentes
en la reunión, cada vez que los latinoamericanos y europeos
presentes aprobaban las propuestas de Cuba de endurecer los términos
de la declaración conjunta, Pérez Roque aumentaba
la apuesta y pedía lenguaje aun más duro. Al final,
los europeos se cansaron, y decidieron quitar el párrafo
de condena al embargo de Estados Unidos por completo.
''Resultó obvio que los cubanos no estaban interesados en
el contenido de la declaración final'', me dijo un canciller
latinoamericano. ``Lo que querían era crear una confrontación,
para salir de la cumbre denunciando a los europeos como lacayos
de Estados Unidos''.
No fue casualidad que Castro, en un ''Mensaje al Pueblo Mexicano''
al comenzar la cumbre, denunció ''la complicidad de la Unión
Europea en los crímenes y agresiones contra Cuba''. El año
pasado, la UE redujo el nivel de sus relaciones con Cuba tras el
fusilamiento de tres cubanos, y las sentencias a 25 años
de prisión a 75 periodistas y opositores pacíficos.
Mi conclusión: Cuando los gobernantes no pueden mostrar progreso
económico o respeto a las libertades políticas, necesitan
crear constántemente conflictos para culpar a otros de los
males de sus países. Y para hacer eso, se necesitan delegaciones
bien grandes en estas cumbres internacionales.