12 de Febrero, 2005

 

Mi Primera Decada en el Exilio


 

Por: Zoe Valdez

 

Las actualidades recientes, y las menos -o sea, las que afectaron a la Navidad y a la Nochevieja- nos afectarán probablemente durante mucho tiempo. No auguraron ni mucho menos la paz, el amor, la salud, la poesía y la prosperidad que añoramos. Algunos de los acontecimientos fueron brutales. Como el envenenamiento, como en tiempos de envidia cortesana o de vil comunismo, del líder ucraniano Víctor Yushchenko, un hombre talentoso y atractivo convertido en un enfermo desfigurado por la dioxina que inoculó la mano secreta de quienes sólo cambiaron de billete y de negocio, de los espías estalinistas convertidos en espías hipermegacapitalistas.Un hombre sano, lúcido, enfermo a causa del odio de los otros, de la inmundicia que significa la lucha por el poder. Su Presidencia estará marcada por la inestabilidad de su salud, aunque ha comenzado con buen pie, pidiendo cuentas al antiguo régimen.

Por otro lado, un puñado de presos cubanos fueron liberados.Y tuvimos que aguantar frases tales como que Castro hacía un gesto magnánimo y elogios edificantes al dictador. Da vergüenza la escasez de la memoria. Cada vez que Castro ha querido conseguir dinero ha cambiado presos. Tan sencillo como eso. Lo hizo con Carter, con Mitterrand, con Felipe González y con quien se le pusiera por delante.
En primer lugar, ninguno de esos hombres tenía porqué haber sido encarcelado con penas de hasta 28 años. En segundo lugar, aún quedan muchos presos en las cárceles cubanas. Voy a referirme a uno que jamás ha pactado ni ha permitido que se le use como moneda de cambio, que ha renunciado a todo menos a su rebeldía, a su dignidad. Su nombre es Jorge Luis García Pérez “Antúnez”. Ha sido apaleado en múltiples ocasiones y, según cuenta su hermana, es torturado además cruelmente. Sin embargo, resulta que se menciona poco el nombre de este preso y creo que las razones son las siguientes: Jorge Luis García Pérez “Antúnez” no acepta libertad negociada a cambio de becas y ayudas millonarias de la UE. Siempre que puede mete presión con huelgas y resistencia sobrehumana. No se calla y además -dato importante- es negro. Y los presos negros cubanos no visten bien a ningún Gobierno. Si son rebeldes y dignamente anticastristas, menos que menos. Me pregunto por qué algunos movimientos y organizaciones de negros americanos, a veces tan solidarios con el castrismo, no se solidarizan, por el contrario, con los presos negros cubanos. Me pregunto por qué, una vez liberado el poeta Raúl Rivero junto con otros siete que jamás debieron ir a la cárcel, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ve el problema resuelto y no continúa exigiendo al célebre dictador la liberación de tantos inocentes.
Aquí me permito aclarar algunas cosillas que en España se han pasado por alto. No ha sido Rodríguez Zapatero quien liberó a Raúl Rivero y al resto sino la acción de muchos. El propio presidente español se vio en la necesidad de aclararlo. Pero como el tira y afloja entre el Gobierno de Rodríguez Zapatero y la dictadura se resuelve sólo si el primero está a favor de la segunda, se necesita poner los puntos sobre las íes.
El primero que hizo una demanda, antes de pedir que entraran en vigor las medidas de la UE en contra de Castro, y esto ocurrió en el momento de las detenciones y de los fusilamientos de tres jóvenes negros, fue el Gobierno de José María Aznar. Al mismo tiempo, muchas personas, de diversas corrientes políticas, nos movilizábamos unidos para clamar justicia. No hay que olvidar el año de manifestaciones en París, cada martes, organizado por el Colectivo de Solidaridad Cuba Libre, la ATREC, Liberté Chèrie, Reporteros sin fronteras, y la labor de cada político, de cada diputado, 75 en total, que movilizados por William Navarrete, Françoise Hostalier (ex ministra), Virginia Dessandré, Laurent Muller, Corinne Cumerlato y Dennis Rousseau, entre otros, apadrinaron a cada preso de la primavera de Cuba del año 2003.
No hay que olvidar tampoco que el escritor Jacobo Machover consiguió la publicación de los poemas de Raúl Rivero en Al Dante, al mismo tiempo que en España varios editores lo publicaban, como es el caso de la prestigiosa editorial Hiperión, con prólogo de Manuel Díaz Martínez. Gustavo Guerrero, Jean Mattern y yo lo publicamos en Gallimard, con prólogo de Guillermo Cabrera Infante. También en Bélgica, en Holanda, Miguel Rivero desde Portugal... En resumen, el mundo entero reproducía sus versos.
La ciudad de Estrasburgo lo convirtió en su refugiado principal y le dedicó la exposición Delacroix, la mayor del año. El ex ministro socialista francés Laurent Fabius lo apadrinó y escribió sobre su situación carcelaria y también lo hizo el líder del Partido Socialista Francés, François Holland. La prensa no cesó de hablar de Raúl Rivero y recibió premios prestigiosos en España, uno de ellos otorgado por este periódico. También en Francia y en Estados Unidos. O sea, que a Raúl Rivero lo liberamos todos, pero antes que nada lo liberaron su mujer, Blanca Reyes, su mamá, sus hijas, Miguel, el hijo de Blanca, desde Miami y la verdad de la poesía, su poesía. Quedan otros encerrados a quienes los cubanos no hemos dejado de mencionar: el poeta Régis Iglesias Ramírez, el médico Oscar Elías Biscet, Jorge Luis García Pérez “Antúnez” y muchos más.
Ruego a José Luis Rodríguez Zapatero y a su Gobierno que vuelva sus ojos a nuestra causa y que siga exigiendo a Castro la libertad total de los presos de conciencia. Al menos siete de ellos pudieron celebrar una Nochebuena clandestina cerca de sus familiares, pero todavía miles y miles sufren en silencio.
Y sacando cuenta de este inicio de año, ahora que la carrera hacia los Globos de Oro pasó y los Oscar cuentan con una prestigiosa presencia española, me pregunto: ¿habrán olvidado algunos de sus nominados que existen Irak y la guerra con sus secuelas? A decir verdad, los veo tan a gustito en el centro del monstruo, embebidos en sus entrañas, que lo menos que pudieran hacer cuando estén allí -dudo que alguno de ellos tenga el coraje de un Marlon Brando o de un Jean-Paul Sartre de renunciar a la participación o a los premios mismos- es al menos armar una manifestación en contra de la guerra y de la guerra de guerrillas que hace 46 años sacude y atemoriza a América Latina. O al menos una manif à la française contra la globalización. Sería tan bonito, luciría tan superhipermega que en medio de los Oscar encendieran al unísono los móviles y lanzaran el «pásalo» famoso en contra del imperio que los reconoce...
Desde luego, no hemos vivido ni una sola noche de paz después de la catástrofe del tsunami en el sureste asiático y no olvidaremos jamás a los desaparecidos. Ni a aquellos otros, los del atentado del 11-M, el horror, los sobrevivientes perdidos entre el espanto y el desencanto.
Y en el centro de tanta desgracia, al menos dos noticias que me sacan la sonrisa: los vídeos de los famosos españoles y la adicción de Castro de rescabuchearlos y de chantajearlos a su antojo. Pero, quién sabe, a lo mejor les hace cráneo que el Coma Andante máximo los espíe en tal o cual posición, vaya usted a saber. Cuentan que tiene dos pasatiempos: observar durante horas los movimientos de una manada de camellos que le regaló un árabe y ver los presuntos videos.
Pero terminaré este artículo como empecé el año: será ese dibujo que me han enviado los papás de Manuela, una pequeña niña que aún, por suerte, no tiene conciencia de nada de lo anterior; y con un disco magnífico de la rapera boricua Ivy Queen, la Diva, que está dándole en la misma costura a los raperos nuyoricans con su hit: «Yo soy la potra, la caballota».
Para colmo, han pasado mis primeros 10 años de exilio. El día 22 de enero se cumplió la primera década e, igual que en el béisbol, la bola pica y se extiende, y siempre con la misma obsesión, la de la libertad de Cuba.