Por: Zoe Valdez
Las actualidades
recientes, y las menos -o sea, las que afectaron a la Navidad y a
la Nochevieja- nos afectarán probablemente durante mucho tiempo.
No auguraron ni mucho menos la paz, el amor, la salud, la poesía
y la prosperidad que añoramos. Algunos de los acontecimientos
fueron brutales. Como el envenenamiento, como en tiempos de envidia
cortesana o de vil comunismo, del líder ucraniano Víctor
Yushchenko, un hombre talentoso y atractivo convertido en un enfermo
desfigurado por la dioxina que inoculó la mano secreta de quienes
sólo cambiaron de billete y de negocio, de los espías
estalinistas convertidos en espías hipermegacapitalistas.Un
hombre sano, lúcido, enfermo a causa del odio de los otros,
de la inmundicia que significa la lucha por el poder. Su Presidencia
estará marcada por la inestabilidad de su salud, aunque ha
comenzado con buen pie, pidiendo cuentas al antiguo régimen.
Por otro lado, un puñado
de presos cubanos fueron liberados.Y tuvimos que aguantar frases tales
como que Castro hacía un gesto magnánimo y elogios edificantes
al dictador. Da vergüenza la escasez de la memoria. Cada vez
que Castro ha querido conseguir dinero ha cambiado presos. Tan sencillo
como eso. Lo hizo con Carter, con Mitterrand, con Felipe González
y con quien se le pusiera por delante.
En primer lugar, ninguno de esos hombres tenía porqué
haber sido encarcelado con penas de hasta 28 años. En segundo
lugar, aún quedan muchos presos en las cárceles cubanas.
Voy a referirme a uno que jamás ha pactado ni ha permitido
que se le use como moneda de cambio, que ha renunciado a todo menos
a su rebeldía, a su dignidad. Su nombre es Jorge Luis García
Pérez “Antúnez”. Ha sido apaleado en múltiples
ocasiones y, según cuenta su hermana, es torturado además
cruelmente. Sin embargo, resulta que se menciona poco el nombre de
este preso y creo que las razones son las siguientes: Jorge Luis García
Pérez “Antúnez” no acepta libertad negociada
a cambio de becas y ayudas millonarias de la UE. Siempre que puede
mete presión con huelgas y resistencia sobrehumana. No se calla
y además -dato importante- es negro. Y los presos negros cubanos
no visten bien a ningún Gobierno. Si son rebeldes y dignamente
anticastristas, menos que menos. Me pregunto por qué algunos
movimientos y organizaciones de negros americanos, a veces tan solidarios
con el castrismo, no se solidarizan, por el contrario, con los presos
negros cubanos. Me pregunto por qué, una vez liberado el poeta
Raúl Rivero junto con otros siete que jamás debieron
ir a la cárcel, el Gobierno de José Luis Rodríguez
Zapatero ve el problema resuelto y no continúa exigiendo al
célebre dictador la liberación de tantos inocentes.
Aquí me permito aclarar algunas cosillas que en España
se han pasado por alto. No ha sido Rodríguez Zapatero quien
liberó a Raúl Rivero y al resto sino la acción
de muchos. El propio presidente español se vio en la necesidad
de aclararlo. Pero como el tira y afloja entre el Gobierno de Rodríguez
Zapatero y la dictadura se resuelve sólo si el primero está
a favor de la segunda, se necesita poner los puntos sobre las íes.
El primero que hizo una demanda, antes de pedir que entraran en vigor
las medidas de la UE en contra de Castro, y esto ocurrió en
el momento de las detenciones y de los fusilamientos de tres jóvenes
negros, fue el Gobierno de José María Aznar. Al mismo
tiempo, muchas personas, de diversas corrientes políticas,
nos movilizábamos unidos para clamar justicia. No hay que olvidar
el año de manifestaciones en París, cada martes, organizado
por el Colectivo de Solidaridad Cuba Libre, la ATREC, Liberté
Chèrie, Reporteros sin fronteras, y la labor de cada político,
de cada diputado, 75 en total, que movilizados por William Navarrete,
Françoise Hostalier (ex ministra), Virginia Dessandré,
Laurent Muller, Corinne Cumerlato y Dennis Rousseau, entre otros,
apadrinaron a cada preso de la primavera de Cuba del año 2003.
No hay que olvidar tampoco que el escritor Jacobo Machover consiguió
la publicación de los poemas de Raúl Rivero en Al Dante,
al mismo tiempo que en España varios editores lo publicaban,
como es el caso de la prestigiosa editorial Hiperión, con prólogo
de Manuel Díaz Martínez. Gustavo Guerrero, Jean Mattern
y yo lo publicamos en Gallimard, con prólogo de Guillermo Cabrera
Infante. También en Bélgica, en Holanda, Miguel Rivero
desde Portugal... En resumen, el mundo entero reproducía sus
versos.
La ciudad de Estrasburgo lo convirtió en su refugiado principal
y le dedicó la exposición Delacroix, la mayor del año.
El ex ministro socialista francés Laurent Fabius lo apadrinó
y escribió sobre su situación carcelaria y también
lo hizo el líder del Partido Socialista Francés, François
Holland. La prensa no cesó de hablar de Raúl Rivero
y recibió premios prestigiosos en España, uno de ellos
otorgado por este periódico. También en Francia y en
Estados Unidos. O sea, que a Raúl Rivero lo liberamos todos,
pero antes que nada lo liberaron su mujer, Blanca Reyes, su mamá,
sus hijas, Miguel, el hijo de Blanca, desde Miami y la verdad de la
poesía, su poesía. Quedan otros encerrados a quienes
los cubanos no hemos dejado de mencionar: el poeta Régis Iglesias
Ramírez, el médico Oscar Elías Biscet, Jorge
Luis García Pérez “Antúnez” y muchos
más.
Ruego a José Luis Rodríguez Zapatero y a su Gobierno
que vuelva sus ojos a nuestra causa y que siga exigiendo a Castro
la libertad total de los presos de conciencia. Al menos siete de ellos
pudieron celebrar una Nochebuena clandestina cerca de sus familiares,
pero todavía miles y miles sufren en silencio.
Y sacando cuenta de este inicio de año, ahora que la carrera
hacia los Globos de Oro pasó y los Oscar cuentan con una prestigiosa
presencia española, me pregunto: ¿habrán olvidado
algunos de sus nominados que existen Irak y la guerra con sus secuelas?
A decir verdad, los veo tan a gustito en el centro del monstruo, embebidos
en sus entrañas, que lo menos que pudieran hacer cuando estén
allí -dudo que alguno de ellos tenga el coraje de un Marlon
Brando o de un Jean-Paul Sartre de renunciar a la participación
o a los premios mismos- es al menos armar una manifestación
en contra de la guerra y de la guerra de guerrillas que hace 46 años
sacude y atemoriza a América Latina. O al menos una manif à
la française contra la globalización. Sería tan
bonito, luciría tan superhipermega que en medio de los Oscar
encendieran al unísono los móviles y lanzaran el «pásalo»
famoso en contra del imperio que los reconoce...
Desde luego, no hemos vivido ni una sola noche de paz después
de la catástrofe del tsunami en el sureste asiático
y no olvidaremos jamás a los desaparecidos. Ni a aquellos otros,
los del atentado del 11-M, el horror, los sobrevivientes perdidos
entre el espanto y el desencanto.
Y en el centro de tanta desgracia, al menos dos noticias que me sacan
la sonrisa: los vídeos de los famosos españoles y la
adicción de Castro de rescabuchearlos y de chantajearlos a
su antojo. Pero, quién sabe, a lo mejor les hace cráneo
que el Coma Andante máximo los espíe en tal o cual posición,
vaya usted a saber. Cuentan que tiene dos pasatiempos: observar durante
horas los movimientos de una manada de camellos que le regaló
un árabe y ver los presuntos videos.
Pero terminaré este artículo como empecé el año:
será ese dibujo que me han enviado los papás de Manuela,
una pequeña niña que aún, por suerte, no tiene
conciencia de nada de lo anterior; y con un disco magnífico
de la rapera boricua Ivy Queen, la Diva, que está dándole
en la misma costura a los raperos nuyoricans con su hit: «Yo
soy la potra, la caballota».
Para colmo, han pasado mis primeros 10 años de exilio. El día
22 de enero se cumplió la primera década e, igual que
en el béisbol, la bola pica y se extiende, y siempre con la
misma obsesión, la de la libertad de Cuba.