Es un honor para mí
recibir el Premio al Valor Civil.
Por expresar pacíficamente
mis puntos de vista críticos sobre mi gobierno, -algo que
muchos de ustedes hacen todo el tiempo- fui sentenciado a cinco
años de prisión. El gobierno me consideró un
rebelde, cuando, junto a otros tres opositores, escribí el
documento "La Patria es de Todos". En él analizamos
de forma crítica un documento que había sido publicado
por el Partido Comunista de Cuba para celebrar su V Congreso. Le
pedimos al pueblo de Cuba utilizar el derecho garantizado en la
Constitución cubana de votar libremente (o de decidir abstenerse
de votar) con la presencia de la prensa internacional acreditada
en Cuba.
Todos fuimos juzgados
sin garantías procesales. Fuimos juzgados sin un jurado imparcial
e independiente. El "juicio", si se le puede llamar así,
no fue abierto al público, ni a la prensa internacional,
ni a ningún diplomático extranjero. Los jueces no
permitieron ningún testigo de la defensa. Mi propio abogado
no tuvo derecho a examinar o cuestionar las acusaciones de la fiscalía.
Cumplí mi sentencia
en la Prisión Provincial de Cienfuegos, en el poblado de
Ariza, a 125 millas de distancia de mi hogar en La Habana. Mi vida
en la prisión estuvo llena de peligros y maltratos. Mi esposa
tenía que viajar las 125 millas para verme. Tuvo que soportar
el acoso de los oficiales de la Seguridad del Estado. Era como si
mi familia hubiese sido "condenada" también.
Fui confinado a una celda
de 7x6 pies [2,1 x 1,8 metros], con un hueco en el piso que servía
de inodoro y una tabla pequeña que servía de cama.
Había una llave de agua sin lavamanos,dedonde el agua salía
solamente tres veces al día por veinte o treinta minutos.
En la prisión,
el alto grado de humedad en el aire afecta los pulmones y los huesos.
Los prisioneros tienen que convivir con toda clase de roedores e
insectos, incluyendo hormigas, escorpiones, chinces, cucarachas,
mosquitos, pulgas y garrapatas. Los prisioneros no pueden hacer
ejercicios o participar en actividades deportivas, todo esto es
prohibido. Los presos que han cometido crímenes terribles
son utilizados por el gobierno para agredir a los prisioneros políticos.
Comencé a oponerme
al gobierno sólo cuando entendía que no podía
seguir manteniendo un doble estándar, cuando comprendí
claramente que el sistema económico de este gobierno destruiría
toda la riqueza de mi país. No fue hasta 1990 que hice públicos
mis puntos de vista en mi trabajo en el Comité Estatal de
Colaboración Económica. Fui despedido en enero de
1992, después de haber apoyado un proyecto enfocado a crear
un socialismo democrático en Cuba. Desde que fui despedido,
no he podido volver a trabajar, a pesar de mi educación y
mi experiencia. El único empleador en mi país, el
gobierno de Cuba, me considera "no confiable".
El acoso del Estado contra
cualquier persona que critique el gobierno tiene muchas formas,
incluyendo agresiones personales y verbales muy severas. Los opositores
y disidentes en toda la Isla saben lo que estoy diciendo. Estos
actos de repudio son amplios e incluyen a cientos de personas, a
veces más. La policía política monitorea continuamente
las casas y los movimientos de cualquiera que ellos sospechen que
está contra la revolución y contra el gobierno. Muchas
veces el hostigamiento se torna violento, y los que participan en
el acto de repudio tiran piedras, dicen insultos y agreden las casas
de los opositores.
Actualmente soy el Presidente
del Partido Social Demócrata de Cuba, fundado en 1996, que
no es reconocido por el gobierno cubano. Lucho pacíficamente
por un cambio gradual hacia una Cuba democrática,una Cuba
libre, y, para promover el respeto a los derechos humanos de todos
los cubanos, incluyendo a todos los que de forma pacífica
se oponen a las prácticas del gobierno, un derecho reconocido
en la Declaración Universal de Derechos Humanos y otros documentos
de las Naciones Unidas.
Estoy convencido de que
los cambios en Cuba vendrán en el corto o mediano plazo -ya
han comenzado a producirse- y pronto, mi país se unirá
a los demás países democráticos del mundo.
Con toda sinceridad,
les doy las gracias desde el fondo de mi corazón por el Premio
al Valor Civil 2002. Prometo que nunca los defraudaré en
mi lucha por el cambio, que nosotros los cubanos y muchos ciudadanos
alrededor del mundo quieren para Cuba.
Vladimiro Roca Antúnez