Por Eleonora Bruzual
Hasta horas antes del atentado
del 11 M, el Partido Popular era el ganador imbatible de las elecciones.
Producido el baño de sangre sobre Madrid, las fuerzas de la
subversión globalizada se dedicaron a lo que es una de sus
especialidades: la manipulación de las masas. Se lanzaron frente
a cada edificio y cada sede del Partido Popular porque consideraron
llegado el momento de apoyar un triunfo que les fuese garantía
de impunidad para sus crímenes, de la defensa de sátrapas
y tiranos, de la imposición del terror como lenguaje de lucha
política
Desde ese mismo momento
quedó estructurado lo que será el nuevo gobierno: régimen
complaciente y cómplice de unas bestias que requieren tontos
útiles y gente ambiciosa, que no importa que costo se pague
con tal de llegar al ansiado poder. Rodríguez Zapatero tal
cual otros izquierdistas de una España que ha inclinado la
cabeza y ha temblado de miedo ante la furia terrorista, ha negociado
directa o indirectamente. No es un gobierno en solitario. Es un gobierno
muy mal acompañado. En España ha ganado la muerte y
el terror, con ella hizo alianza el vencedor.
En estas últimas
elecciones, buena parte de los españoles le dio el triunfo
al terrorismo. Entregaron su gallardía y su valor a las fuerzas
del terror, a quienes imponen la muerte sobre la vida, a los que chantajean
con el miedo. A España le doblaron el lomo. El pueblo español
mordió el miedo, se hizo su víctima y su aliado. Se
hermanó con los que imponen la muerte como lenguaje, con los
que matan en nombre de un derecho que no es otra cosa que salvaje
bestialidad.
Rodríguez Zapatero
parece darse cuenta del vergonzante hecho de haber sido "ayudado"
a tomar el poder, por parte de los que sin piedad bañaron de
sangre a Madrid. y desea fervientemente borrar lo que aprovechó
para hacerse del triunfo, que sólo le fue posible alcanzar,
después de que -indirectamente- el terror y la barbarie se
pusieron como sus mejores aliados electorales. Descartó que
en su victoria electoral hayan influido los atentados del pasado 11
M en Madrid. Pero nada más lejos de la verdad. Ahora es el
gran prisionero de los que se sienten más fuertes que nunca,
de los que saben que la muerte y el terror, pone y quita presidentes.
De los que demostraron con sus crímenes que los muertos son
el mejor ablandador. y que no es suficiente decir que se está
contra el terrorismo, se requiere también no doblar el lomo
cuando éste ataca, amedrenta, chantajea.
Rodríguez Zapatero
no encuentra como desvincular su triunfo del hecho de sangre que aún
paraliza. Dice que "ningún resultado electoral es fruto
de un golpe tan duro" como los atentados del 11 M, porque la
"ciudadanía tiene más sentido político y
común que dejarse llevar por un momento dado" y un resultado
electoral "es fruto de cuatro años". Miente descarado.
Rodríguez Zapatero necesita mentir, ya que requiere con desesperación
borrar la esencia de su triunfo electoral, borrar que su triunfo es
el de la muerte sobre la vida, es el triunfo de la barbarie sobre
la razón.
Al terrorismo se le regaló
en bandeja de plata otro elemento devastador para la vida: ese terrorismo
estructurado como una inmensa transnacional del crimen, ha podido
constatar que a su inagotable capacidad para sembrar miedo, angustia,
pánico, ahora también se agrega el ser factor decisivo
para dar triunfos electorales.
Un viejo dicho expresa:
el muchacho que es llorón y la mamá que lo pellizca.
Pellizcaron al muchacho malo, ya verán de lo que será
capaz. Eso cabe perfectamente en esta nueva evolución del drama
de una humanidad que parece no entender que aquí hay una guerra,
una guerra horrenda, novedosa, desigual. El terrorismo no tiene límites,
y ahora, unos políticos amorales, utilizaron sin vergüenza
alguna sus acciones, para ganar el poder y vencer a sus adversarios.
Hay que entender, aunque
esto aterre más, que en esta nueva guerra se está enfrentado
la muerte contra la vida, la civilización contra la barbarie,
el mal contra el bien. Y algo peor, que los últimos combates,
dan por ganador al mal. Los demonios triunfan y los hombres de paz
sucumben. Según el fiscal general de Australia: "los terroristas
no deciden quien gana unas elecciones" (refiriéndose a
las elecciones españolas). Pero la verdad es muy otra, aunque
este señor australiano no desee creerlo.
Rodríguez Zapatero,
se contradice en las pocas horas que han transcurrido de su triunfo
signado por la sangre inocente. Por una parte, desesperado, desmiente
que haya ganado gracias al impacto asesino que le favoreció,
y sin embargo, muy poco antes ha dicho que "los atentados del
11-M han sido un castigo al PP por haber participado en la guerra
de Irak". Con su irresponsable declaración -aunque ahora
trate de borrarla- ha envalentonado a la bestia. Decir que a Aznar
y a su gobierno se les castigó por ser parte del eje que enfrentó
y venció a un sanguinario sátrapa como Saddam Hussein,
es canalla.
Muchos nos estamos preguntando:
cuando los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y
en Washington, ¿qué invasión se cobraban las
bestias.?
En el atentado de ayer en Israel, uno más en la cadena de crímenes
impunes contra una población presa de la furia asesina, uno
más en esa casi diaria arremetida del terror, de la imposición
de la muerte como forma de lucha política contra el pueblo
israelí, que nueva complacencia despertará en aquellos
que se hacen cómplices de quienes no quieren la paz, porque
la paz no está hecha para los demonios, la paz no es compatible
con los monstruos.
Muchos hoy, con argumentos
amorales, dicen que se le pasó factura a Aznar y los "honorables"
cobradores fueron las hordas terroristas que bien pueden ser de Al
Qaeda o de ETA, o ambas en perfecta colaboración. Señores:
decirlo ya es bochornoso.
Ante esto nos preguntamos:
¿qué pasa con los países que sin participar en
la guerra han sufrido y sufren de igual manera el terrorismo? ¿Qué
pasa con Perú, con Colombia, con Irlanda.? Con tantos y tantos
pueblos a merced del odio. ¿De qué "castigo"
se puede hablar en esos casos.?
Rodríguez Zapatero
parece darse cuenta de que no es honorable ser el candidato favorecido
por el terrorismo. Manipuló y hoy España es más
presa que nunca del terrorismo. Ya pagaron peaje, ya se dejaron chantajear.
No ganó Rodríguez Zapatero; en España triunfó
el terrorismo que fue capaz en tres días y con doscientos muertos
de trastocar una sociedad, de sembrar miedo, de ponerlos bajo su pata.