17 de Enero del 2004


Por Eleonora Bruzual

Hasta horas antes del atentado del 11 M, el Partido Popular era el ganador imbatible de las elecciones. Producido el baño de sangre sobre Madrid, las fuerzas de la subversión globalizada se dedicaron a lo que es una de sus especialidades: la manipulación de las masas. Se lanzaron frente a cada edificio y cada sede del Partido Popular porque consideraron llegado el momento de apoyar un triunfo que les fuese garantía de impunidad para sus crímenes, de la defensa de sátrapas y tiranos, de la imposición del terror como lenguaje de lucha política

Desde ese mismo momento quedó estructurado lo que será el nuevo gobierno: régimen complaciente y cómplice de unas bestias que requieren tontos útiles y gente ambiciosa, que no importa que costo se pague con tal de llegar al ansiado poder. Rodríguez Zapatero tal cual otros izquierdistas de una España que ha inclinado la cabeza y ha temblado de miedo ante la furia terrorista, ha negociado directa o indirectamente. No es un gobierno en solitario. Es un gobierno muy mal acompañado. En España ha ganado la muerte y el terror, con ella hizo alianza el vencedor.

En estas últimas elecciones, buena parte de los españoles le dio el triunfo al terrorismo. Entregaron su gallardía y su valor a las fuerzas del terror, a quienes imponen la muerte sobre la vida, a los que chantajean con el miedo. A España le doblaron el lomo. El pueblo español mordió el miedo, se hizo su víctima y su aliado. Se hermanó con los que imponen la muerte como lenguaje, con los que matan en nombre de un derecho que no es otra cosa que salvaje bestialidad.

Rodríguez Zapatero parece darse cuenta del vergonzante hecho de haber sido "ayudado" a tomar el poder, por parte de los que sin piedad bañaron de sangre a Madrid. y desea fervientemente borrar lo que aprovechó para hacerse del triunfo, que sólo le fue posible alcanzar, después de que -indirectamente- el terror y la barbarie se pusieron como sus mejores aliados electorales. Descartó que en su victoria electoral hayan influido los atentados del pasado 11 M en Madrid. Pero nada más lejos de la verdad. Ahora es el gran prisionero de los que se sienten más fuertes que nunca, de los que saben que la muerte y el terror, pone y quita presidentes. De los que demostraron con sus crímenes que los muertos son el mejor ablandador. y que no es suficiente decir que se está contra el terrorismo, se requiere también no doblar el lomo cuando éste ataca, amedrenta, chantajea.

Rodríguez Zapatero no encuentra como desvincular su triunfo del hecho de sangre que aún paraliza. Dice que "ningún resultado electoral es fruto de un golpe tan duro" como los atentados del 11 M, porque la "ciudadanía tiene más sentido político y común que dejarse llevar por un momento dado" y un resultado electoral "es fruto de cuatro años". Miente descarado. Rodríguez Zapatero necesita mentir, ya que requiere con desesperación borrar la esencia de su triunfo electoral, borrar que su triunfo es el de la muerte sobre la vida, es el triunfo de la barbarie sobre la razón.

Al terrorismo se le regaló en bandeja de plata otro elemento devastador para la vida: ese terrorismo estructurado como una inmensa transnacional del crimen, ha podido constatar que a su inagotable capacidad para sembrar miedo, angustia, pánico, ahora también se agrega el ser factor decisivo para dar triunfos electorales.

Un viejo dicho expresa: el muchacho que es llorón y la mamá que lo pellizca. Pellizcaron al muchacho malo, ya verán de lo que será capaz. Eso cabe perfectamente en esta nueva evolución del drama de una humanidad que parece no entender que aquí hay una guerra, una guerra horrenda, novedosa, desigual. El terrorismo no tiene límites, y ahora, unos políticos amorales, utilizaron sin vergüenza alguna sus acciones, para ganar el poder y vencer a sus adversarios.

Hay que entender, aunque esto aterre más, que en esta nueva guerra se está enfrentado la muerte contra la vida, la civilización contra la barbarie, el mal contra el bien. Y algo peor, que los últimos combates, dan por ganador al mal. Los demonios triunfan y los hombres de paz sucumben. Según el fiscal general de Australia: "los terroristas no deciden quien gana unas elecciones" (refiriéndose a las elecciones españolas). Pero la verdad es muy otra, aunque este señor australiano no desee creerlo.

Rodríguez Zapatero, se contradice en las pocas horas que han transcurrido de su triunfo signado por la sangre inocente. Por una parte, desesperado, desmiente que haya ganado gracias al impacto asesino que le favoreció, y sin embargo, muy poco antes ha dicho que "los atentados del 11-M han sido un castigo al PP por haber participado en la guerra de Irak". Con su irresponsable declaración -aunque ahora trate de borrarla- ha envalentonado a la bestia. Decir que a Aznar y a su gobierno se les castigó por ser parte del eje que enfrentó y venció a un sanguinario sátrapa como Saddam Hussein, es canalla.

Muchos nos estamos preguntando: cuando los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y en Washington, ¿qué invasión se cobraban las bestias.?
En el atentado de ayer en Israel, uno más en la cadena de crímenes impunes contra una población presa de la furia asesina, uno más en esa casi diaria arremetida del terror, de la imposición de la muerte como forma de lucha política contra el pueblo israelí, que nueva complacencia despertará en aquellos que se hacen cómplices de quienes no quieren la paz, porque la paz no está hecha para los demonios, la paz no es compatible con los monstruos.

Muchos hoy, con argumentos amorales, dicen que se le pasó factura a Aznar y los "honorables" cobradores fueron las hordas terroristas que bien pueden ser de Al Qaeda o de ETA, o ambas en perfecta colaboración. Señores: decirlo ya es bochornoso.

Ante esto nos preguntamos: ¿qué pasa con los países que sin participar en la guerra han sufrido y sufren de igual manera el terrorismo? ¿Qué pasa con Perú, con Colombia, con Irlanda.? Con tantos y tantos pueblos a merced del odio. ¿De qué "castigo" se puede hablar en esos casos.?

Rodríguez Zapatero parece darse cuenta de que no es honorable ser el candidato favorecido por el terrorismo. Manipuló y hoy España es más presa que nunca del terrorismo. Ya pagaron peaje, ya se dejaron chantajear. No ganó Rodríguez Zapatero; en España triunfó el terrorismo que fue capaz en tres días y con doscientos muertos de trastocar una sociedad, de sembrar miedo, de ponerlos bajo su pata.